Bodega del Fin del Mundo

Con más de 14 años de historia en la Patagonia, conocemos más sobre esta bodega, sus etiquetas, el enoturismo y todo lo que tiene para ofrecer.

La Bodega del Fin del Mundo se encuentra ubicada en la zona neuquina de San Patricio de Chañar, y es reconocida como un importante exponente argentino de calidad enológica.

La historia de esta bodega comienza en 1999. Después de tres años de trabajos exhaustivos de investigación acerca del suelo, la insolación y los vientos, y de asegurarse la provisión de agua del Río Neuquén, Fin del Mundo comenzó a plantar las primeras vides. La primera cosecha vinificada fue en el año 2002 y las variedades que se elaboraron fueron Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot y Chardonnay.


La primera botella de Bodega de Fin del Mundo que se etiquetó y se puso a la venta era de la línea Postales Del Fin del Mundo. Luego llegaría Newen. Para los vinos reserva todavía faltaba tiempo de crianza pero la bodega apostó por varietales jóvenes que estaban llenos de brío y fruta. En abril de 2003 se inauguró un edificio abierto al público que acompañaría el crecimiento de los viñedos.

A pesar de los pronósticos adversos, el origen Patagonia resultó tener mucho atractivo y, junto a la calidad y singularidad de los vinos, Bodega del Fin del Mundo consiguió que sus vinos se fueran haciendo conocidos. El boca en boca, la curiosidad de un mercado que se abría a nuevas experiencias y el posicionamiento de Patagonia como una zona de producción de calidad conspiraron en favor de la bodega.  


Un par de años más tarde, en 2005, Julio Viola, fundador de la bodega conoció a Michel Rolland mientras dirigía una cata de sus vinos de Bordeaux y decidió tentarlo para que fuera a conocer lo que había desarrollado en San Patricio del Chañar. Michel aceptó la invitación y más tarde, al conocer el potencial de los vinos y de la región, decidió sumarse como consultor.

Por otro lado, la belleza del valle y su cercanía con la capital provincial generaron el desarrollo del enoturismo como actividad complementaria a la producción de vinos, dando aún más vitalidad a esta región. Bodega Del Fin del Mundo diseñó un circuito completo que se complementa con el turismo paleontológico, paisajístico y cultural de la zona. Durante las distintas épocas del año la bodega propone diferentes actividades para que los visitantes conozcan y participen de los trabajos que se realizan en la bodega a lo largo del año. Pueden realizarse visitas guiadas, cosechas en época de vendimia, recorridos guiados por la zona y la poda anual realizada en los meses de julio y agosto.

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